Viena

Visité Viena en septiembre del año pasado (2017), cuando todavía no pasaba por mi cabeza escribir en un blog, pero el otro día encontré todas las anotaciones que hice para este viaje y creo que merece la pena compartir mi experiencia en esta ciudad de cuento de hadas.

El viaje lo hicimos desde el Aeropuerto de Oporto, como viene siendo habitual en vuelos europeos, esta vez con la compañía aérea Eurowings. No fueron los billetes más baratos, pero sí un cómodo vuelo directo de sábado a miércoles.

Una vez llegamos a Viena, fuimos al centro en el City Airport Train (CAT), que sale cada media hora con un tránsito de 16 minutos. Es un poco caro y había leído que existía otra opción más barata aunque con mayor tránsito, pero la verdad a mí no me resultó fácil encontrarla, todas las indicaciones eran para el CAT.

Día 1: Llegada, catedral de San Esteban, ayuntamiento, parlamento

Llegamos después de comer a Viena. Tras dejar el equipaje en el hotel, nos fuimos a Stephanplatz, la maravillosa plaza donde pudimos encontrar  la catedral de San Esteban.

Una vez caída la noche, continuamos andando al ayuntamiento, y parlamento. Toda la majestuosidad que ya vimos ese primer día, no dejó de sorprendernos en toda nuestra estancia.

Para cenar, fuimos a un sitio llamado Amerlingbeisl, que nos quedaba muy cerca del hotel y se convertiría en nuestro sitio de cenas preferido. El ambiente es increíble, al más puro estilo hygge a la luz de las velas. En la carta se encuentran tanto desayunos como comidas, algunas típicas vienesas como el escalope. El personal es muy amable y los precios muy asequibles. Cuenta con una terraza cubierta donde no hace nada de frio, y donde nosotras cenábamos felices.

Día 2: Palacio de Hofburg, Opera, Secesión, Iglesia de San Carlos Borromeo, reloj de Anker

Tras acabar desayunando en el Starbucks, pues nos pareció muy difícil encontrar una cafetería normal para tomar un café de camino, empezamos el día visitando el precioso Palacio de Hofburg. La verdad es que la visita me pareció increíble, es realmente precioso, y para quien ha visto las películas de Sisi, hace que te traslades totalmente a aquella época y sientas lo que ella vivió durante su estancia en ese palacio.

Nuestra siguiente parada fue la Opera, donde hicimos una visita guiada en español. Conviene pasar por allí y ver los horarios de las visitas, las taquillas abren sobre media hora antes de las mismas y hay que hacer cola.

Para comer,  una deliciosa salchicha en Bitzingers Würstelstand bei der Albertina, ¡la mejor que he probado nunca! La típica es la que lleva queso por dentro, y está deliciosa tanto sola como en perrito caliente. Ante la duda es mejor pedir esa, pues si no entiendes de salchichas te puedes volver loca con la carta y te atienden muy rápido como para andar con demasiadas explicaciones. Está deliciosa y crujiente, puedes acompañarla con pepinillo o patatas fritas y para beber una buena cerveza austriaca.

Después de nuestra primera, pero no última salchicha vienesa, nos dirigimos a visitar la preciosa iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche), previo paso por el edificio modernista de la Secesión, que destaca por su cúpula dorada.

Continuamos visitando el reloj de Anker en la plaza de Hoher Markt, famoso porque a las horas en punto comienzan a desfilar por este reloj doce figuras de personajes históricos.

Para terminar el día, como nos habían dicho que la opera se retransmitía en directo en una pantalla gigante situada en el exterior de la misma, fuimos a coger sitio tras comprar una mini tarta Sácher para merendar  en un puesto del hotel Sácher justo fuera del mismo.

Esa noche cenamos en Glacis Beisl, un sítio monísimo, también con poca luz y al lado del hotel, donde degustamos un rico goulash de setas.

Día 3: Palacio de Schönbrunn, Hundertwasserhaus, Prater

Este día lo empezamos en maravilloso Palacio de Schönbrunn, la antigua residencia de verano de los Habsburgo. No exagero si digo que es el palacio más bonito que he visto nunca.  Me quedé verdaderamente impresionada con su belleza y majestuosidad. Es fácil llegar en metro parándote en la parada del mismo nombre que el palacio. Las vistas desde lo más alto (nosotras fuimos en un trenecito), son para quedarse con la boca abierta.

Por la tarde, tras comer en Vapiano y una parada totalmente prescindible en los edificios Hundertwasserhaus, que son unas casitas de colores típicas de las postales de Viena, nos dirigimos al parque de atracciones Prater, ¡donde nos lo pasamos genial montando en la noria!

¡Esta noche volvimos a cenar en Amerlingbeisl !

Día 4: Palacio Belvedere, estatua de Johann Strauss, crucero por el Danubio

Este día lo empezamos desayunando un strudel en la cafetería del Palacio Belvedere, donde se encuentra el famoso cuadro del beso de Gustav Klimt.

Después fuimos a visitar la estatua dorada de Johann Strauss en el parque de Stadtpakt, que a mí personalmente me encantó, me pareció muy especial.

Tras comer otra salchicha,  hicimos un crucero de dos horas y media por el Danubio. Este crucero es totalmente prescindible, vale para descansar y decir que paseaste por el Danubio.

Acabamos el día paseando por el centro, donde pasamos por la casa de Mozart y por su estatua.

Día 5: Albertina, isla de los museos, regreso

El vuelo salía por la tarde, por lo que aprovechamos para visitar la Albertina, que es otro palacio donde se pueden ver varias exposiciones en el centro de Viena, comer una última salchicha en Bitzingers Würstelstand, y hacer algunas compras, como las deliciosas galletas Manner en la tienda oficial.

Nos quedamos en el K+K Hotel Maria Theresia, justo al lado de la isla de los museos, que es otra zona por la que merece la pena pasarse.

Viena es una ciudad preciosa, para quedase con la boca abierta, ¡me quedo con las gana de descubrir Austria más a fondo!

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