Restaurante El de Alberto, A Coruña

Vino: Crego e Monaguillo (Mencía Monterrei)

Precio menú degustación: 34 euros (bebida no incluida)

Mi experiencia en El de Alberto fue exactamente eso, una experiencia. Una experiencia de sabores y sensaciones envolventes en una velada maravillosa.

Llevaba tiempo queriendo ir por las críticas que veía sobre el restaurante. Fuimos a cenar un viernes reservando un martes por la noche, sin problema alguno reservando la misma semana.

Al llegar allí, fuimos atendidos por el propio Alberto, que es encantador y demuestra con cada gesto la pasión que pone en su negocio, dando primero de todo, las gracias por haber ido, para después detallar cada uno de los platos fuera de carta y sus recomendaciones.

La carta la verdad no sabes por donde cogerla, porque todo tiene un aspecto delicioso, así, que como ya nos habíamos enterado por reseñas previas de que tenían un menú degustación fuimos a por él, ¡y qué gran acierto!

El menú comenzó por un canelón relleno de atún rojo delicioso, que recordaba al sabor del sushi y se deshacía en la boca, sin duda, el mejor de los entrantes. Siguió con una caballa fría con una salsa de naranja y coco para despertar todos los sentidos, y unas alcachofas fritas con foie y cecina con las que nos quedamos ya sin palabras.

Llegados a este punto ya nos habíamos dado cuenta de que Alberto ofrece mucho más que comida, ofrece una experiencia gastronómica espectacular. Seguimos con un tocino escondido debajo de un carabinero y espagueti de manzana, que nos recordó a la comida asiática y nos volvió a llevar a viajar de nuevo, para finalmente culminar con un venado hojaldrado con una salsa de setas con el que ya nos terminamos de enamorar.

A diferencia de otros menús degustación, con este está asegurado no quedarse con nada de hambre, pues además incluye un delicioso postre, que en nuestro caso fueron sus famosos “filipinos” rellenos de chocolate blanco, que se comen de un bocado y son el mejor final que se podría esperar.

Nosotros regamos esta delicia con un Mencía, porque somos más de tinto, pero el blanco también habría quedado muy bien, y de hecho creo que es el que recomendaba Alberto.

En resumen, este sitio es una auténtica joya escondida en A Coruña, al que volveremos mucho.

¡Gracias Alberto!

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