10 cosas sobre Camboya y los camboyanos

Camboya y los camboyanos nos han tocado muy adentro. Con estas 10 cosas pretendo transportaros por un momento a los momentos más singulares vividos allí, la mayoría parten de diferencias culturales que nos han enseñado mucho.

Nos vamos del país con otra forma de ver la vida, con los ojos más abiertos que nunca y el mundo más cerca.

La siesta

Los camboyanos adoran echarse una siestecilla allá donde se encuentren. Te encontrarás a gente durmiendo en hamacas, en el suelo, sentados en una silla… Será muy fácil que el conductor de tu tuk-tuk a los templos de Angkor te espere durmiendo en una hamaca que cuelga de un lado a otro del vehículo, o que el que tiene que pedirte la entrada al templo se esté echando una cabezadita.

Estas escenas se repiten allá donde vayas, ¡les encanta dormir! Slow life.

Los niños

En la época de los jemeres rojos murieron uno de cada cuatro camboyanos. No es por ello de extrañar que la población sea muy joven. Los niños están por todas partes, sonriéndote, saludándote, vendiéndote algo o pidiéndote un dólar.

Muchos de los que están en los templos de Angkor son huérfanos y controlados por mafias. Lo mejor para colaborar con la escolarización y desarrollo de los niños camboyanos económicamente es hacerlo a través de una ONG como Camboya Sonríe o PSE Camboya.

La moneda

En Camboya se usan dólares y rieles. Los rieles se usan para todo aquello que no llegue a 1 dólar. No hay monedas.

Por ejemplo, si una cosa vale 2,5 USD y pagas con 3 USD el cambio de 0,50 céntimos te lo darán en rieles. Un dólar son 4000 rieles, por lo que te devolverían 2000.

Tú también puedes hacer lo mismo cuando te vayas viendo con las dos monedas. Podrías por ejemplo en el caso anterior pagar con 2 dólares y 2000 rieles. Incluso si tienes muchos rieles pagas directamente en rieles, en el caso anterior serían 10.000 rieles la equivalencia a 2,5 USD.

En definitiva tienes que ir haciendo tus cálculos y jugar con las dos monedas.

El tráfico

El tráfico es muy caótico y variopinto, y el claxon su sonido más característico. Verás motos tirando de remolques a rebosar de mercancía y tal vez a gente encima de la carga, a 4 personas en una moto sin casco y puede que el conductor sostenga un bebé en brazos, coches, tuk-tuks. No se paran en los pasos de cebra, por lo que tienes que ir esquivándolos. Nunca podrás cruzar de una, te tendrás que quedar probablemente parado en medio de la carretera más de una vez antes de seguir sorteando obstáculos.

No hay leyes y la gente se va metiendo, componiendo una locura semi controlada de vehículos que parece que se van a montar unos encima de los otros en hora punta. Desaconsejaría totalmente alquilar ningún tipo de vehículo, aunque sé que algunas personas lo hacen con motos. Si cruzar la calle es ya una odisea imagínate conducir una moto. Muchas calles están además sin asfaltar y en muchos casos vas dando saltitos. Vete con tiempo a los aeropuertos.

En algunas ciudades como Phnom Penh, muchas aceras son usadas como aparcamientos de coches o son literalmente tomadas por puestos de venta de fruta o comida callejera, obligando al peatón a caminar por la esquina de la calzada en convivencia con el tráfico.

La gastronomía

La comida jemer está muy buena. Para nosotros el plato que más nos gustó fue el Lok Lak, que son trocitos de carne de ternera con salsa de pimienta (de Kampot), acompañados por huevo y arroz.

Está muy bueno también el Amok, que es una sopita de leche de coco con carne o pescado. En nuestro caso lo tomamos con pescado en Koh Rong Samloem acompañado de arroz, y estaba delicioso.

Es muy típico también el curry, que podrás pedir igualmente de carne o pescado acompañado de arroz. También el cangrejo frito, ideal para probar en el mercado del cangrejo de Kep.

La basura

Camboya, como país en vías de desarrollo que es, no dispone de muchos servicios que en nuestro mundo moderno damos por sentados. Uno de ellos es el de recogida de residuos. Así, es frecuente encontrarse con vertederos improvisados en cualquier descampado y las bolsas de basura a veces se amontonan a pie de calle en las ciudades, hasta que pueden ser recogidas. Esta realidad, aunque pueda parecer lejana, era algo frecuente en muchas zonas rurales de España hace no demasiado tiempo. Un problema añadido es el exceso de plásticos tirados en muchas playas y parajes naturales.

La ciudad más limpia en la que hemos estado en Camboya es sin duda Kampot, luego nos enteramos que fue incluso galardonada por ello.

Los baños

Si nunca has estado en el sudeste asiático los baños pueden ser un gran choque cultural. Para empezar no puedes tirar el papel por el wc, pues podrías generar un atasco, el sistema de saneamiento no es el mismo que aquí. Por ello verás siempre una manguerita al lado del retrete, destinada a limpiarte.

Además la ducha no suele estar separada del resto del baño, mientras te duchas, el agua caerá encima del wc y por todas partes, pero no te preocupes, que allí seca rápido.

En Camboya la gran mayoría de los baños que hemos visto eran occidentales, pero también te podrás encontrar alguno que sea un agujero. Tanto en Tailandia como en Camboya, en muchos sitios tienen de los dos tipos para que puedas elegir.

Recuerda que eres tú el que viaja y tienes que adaptarte a su cultura, no ellos a la tuya.

La fruta

La fruta en el sudeste asiático es espectacular. El mango sabe a gloria, los litchis están increíbles, y disfrutarás de otra mucha fruta tropical como el mangostán, que para nosotros fue nuestro favorito. Todo esto a muy buen precio y sabor auténtico.

Una fruta que te inquietará especialmente será el durian. Al principio te parecerá una fruta tropical más, pero de repente empezarás a ver que está prohibido en hostels, medios de transporte, y te preguntarás por qué. La razón es que el olor es muy intenso y no muy agradable, por ello no permiten comerlo en lugares públicos. Nosotros lo probamos el último día y nos pareció bastante fuerte, con un sabor entre el plátano, la piña y el mango, y muy denso y saciante. No creo que vaya a estar entre mis frutas favoritas.

La tierra

En Camboya no todas las calles están asfaltadas, y si lo están, a poco que te alejes de la calle principal dejan de estarlo. Por ello mientras estás en el tuk-tuk se levantará bastante polvo, lleva las gafas de sol y ropa que ya no te suelas poner como indico en este artículo.

La simplicidad de la vida

Nunca había estado en un país tan poco desarrollado como Camboya. Esto hace que todavía encuentres en el país la inocencia de la simplicidad de la vida. Gente que trabaja humildemente para pagarse su alojamiento y comida, y una vez cubierto eso, no necesita nada más que estar con su familia o una siesta a la sombra para ser feliz.

Nos sorprendió ver como allí iba todo tan lento, nunca hay prisa. Hay mucha gente por la calle simplemente pasando el rato, se sientan en esterillas a hacer un picnic y hablar. Sonríen. Nos enseñan que ellos no trabajan horas y horas en rascacielos, no tienen coches de lujo, no se cogen vuelos de 12 horas para irse de vacaciones, no se obsesionan por la moda y rara vez ven la televisión. Muchos viven en una casa con techo de uralita, donde toda la familia duerme en la misma estancia.

Camboya nos ha enseñado que muchos de los problemas de la vida occidental son derivados de un sistema en el que se nos presiona constantemente por ganar más, gastar más, y desconectarnos de nosotros mismos y nuestras verdaderas necesidades. Al final acabamos en una espiral de necesidades ficticias y apariencias.

Ahora cuando tenemos alguna duda sobre qué hacer nos preguntamos: ¿Qué haría en nuestro caso un camboyano?. En la mayoría de los casos la respuesta es «nada». Nos vemos y sonreímos, pensando en la tierra anaranjada de Camboya, y en todo lo que ha hecho por nosotros.

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